
Czech Hunter 831Llegué tarde a la estación. El tren a Praga ya había salido y mi entrevista de trabajo era en tres horas. Maldije, miré el teléfono sin cobertura y decidí hacer dedo en la carretera. Llevaba mi mejor camisa en la mochila y los nervios a flor de piel.
Un coche se detuvo a los diez minutos. El conductor bajó la ventanilla y me preguntó adónde iba. Le conté lo del tren perdido y la entrevista. Asintió, me miró un par de segundos más de la cuenta y dijo: «Te llevo, pero no gratis. No quiero dinero».
Me quedé en blanco. Luego sonrió y entendí. Me identifico como heterosexual, pero nunca me había cerrado a nada. Solo no había tenido la oportunidad. Él notó mi duda y añadió rápido: «Sin presión. Puedes bajarte ahora mismo si quieres».
Pensé en la entrevista, en el tiempo que perdía, y también en una curiosidad que llevaba años guardada. Subí.
Durante el trayecto hablamos de música, de trabajos anteriores, de por qué nunca me había atrevido con un hombre. Me explicó que él siempre pregunta primero, que nunca fuerza nada. Cuando aparcamos en un descampado entre girasoles, ya había decidido que sí.
No pasó todo lo que él esperaba. Le pedí que solo usara los dedos y que me besara. Nada más. Aceptó sin quejarse. Me dolió un poco al principio, pero su paciencia y el lubricante hicieron el resto. No hubo dinero, no hubo engaño, no hubo «sorpresa». Solo un trato cumplido y un cuerpo que exploré sin miedo.
Me dejó en la entrada de Praga. Llegué justo a tiempo para la entrevista. Y cuando me preguntaron por qué estaba tan relajado, sonreí sin dar explicaciones. Czech Hunter 831
Este es mi Czech Hunter 831 real: sin cámaras ocultas, sin actores fingiendo, y con un sí que pudo haber sido un no.










